Un sueño

septiembre 11, 2007

Sueño.

Posiblemente del año 2002.

Alguien me había invitado a un evento al cual asistí para causar buena impresión. Me recibió una mujer reconocida en la sociedad radiofónica; yo no tenía idea de quien se trataba pero la gente la saludaba, con una peculiar mezcla de respeto, familiaridad y misericordia, del mismo modo en la que se saluda a los famosos de poca monta.

Fue sumamente amable conmigo. De pronto empezó a masajearme las manos, todo indicaba que era con un fin terapéutico, pero a cada instante era interrumpida por la gente invitada al evento o por sus asistentes ansiosos de instrucciones para resolver algún pormenor. Las llamados fueron cada vez más insistentes y frecuentes, así que tuvo que dejarme al cuidado de una de sus discípulas para que en su lugar terminara con lo iniciado. La chica continuo el masaje y dibujó pequeñas líneas en la parte más gruesa de mi palma mientras llegó otra muchacha como apoyo… no recuerdo el tratamiento más que el final: la chica nueva me pinchó con una aguja justo en el centro de mi palma enrojecida a fuerza de masaje y sustancias aplicadas en el transcurso del tratamiento.

“Aquí viene lo interesante” me dijo y al instante pude ver crecer una pequeña ampolla, y luego otra y otra más, hasta que mi mano izquierda se llenó de ellas. La primer asistente me mostró una ampolla en particular preguntándome si me daba cuenta, yo le dije que sí aunque en realidad no entendía nada. “No te asustes” me dijo mientras empezaba a unir todas las ampollas empujándolas por encima de la piel logrando así una sola muy grande. La gran ampolla estuvo a punto de reventarse pero me resistí ligeramente, lo suficiente para que me soltara.

Mientras todo ocurría una familia se sentó cerca de nosotros, haciendo comentarios ofensivos acerca de este tipo de prácticas y de la gente que participaba en ellas, esto dio pie al inicio de un caos generalizado. Pero el mayor problema se suscitó a unos metros, donde, más que discutir, se enfrentaban un joven rollizo y la mujer de la radio. Quise ayudarla, la discusión era muy fuerte y agresiva, la mujer me llamó pero mi cuerpo se reveló a esta voluntad. Empecé a bajar lentamente por las escaleras hasta el lugar donde se desarrollaba todo, y en el rellano logré detenerme frente al joven. LA mujer continuaba llamándome, diciendo que me curaría, pero en respuesta le dije que no, que yo me curaría solo. Observé mi mano, y con paso extraordinariamente pesado subí por la escalera, alejándome.

En mi camino vi que la ampolla se abría sola, saliendo de lo más alto un forzado royo seco. La mujer a la distancia me felicitaba con fingida alegría, pero continué y en un par de pasos más me encontraba afuera. En la calle se me acercó un mensajero con una radio, se dirigió a mí y a un hombre que casualmente estaba parado junto a mí. “Como disculpa a los males sucedidos, la empresa quiere darles un obsequio” dijo el mensajero mientras sacaba unas enormes mochilas de viaje para mostrárnoslas. “Una es de seda y la otra tiene un equipo de CD, pónganse de acuerdo”. El hombre se anticipó y pidió para él la seda, yo quería la de CD así que acepté sin problema. Tomé la mochila con algo de dificultad por su tamaño.

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Una respuesta hacia “Un sueño”

  1. ramitosexto escribió

    Este sueño lo encontré en un viejo cuaderno, sin fecha y sin notas de alguna referencia. Este sueño puede clasificarse en dos géneros, como sueño de descarga y como de protección. En primer lugar descarga la neurosis propia al sentimiento de culpa por prácticas de autoerotismo (El masaje de la mano izquierda en un lugar público y por alguien de cierto prestigio cambia el valor negativo y secreto de la masturbación por el de normal y terapéutico), y de pulsiones agresivas reprimidas (enfrentando los componentes de la estructura psíquica al proyectarlos en los personajes que discutían ). En segundo orden es de protección, seguramente este sueño lo tuve ya tarde en la mañana y tenía el propósito de mantenerme dormido, dándome situaciones placenteras preferibles a la vigilia, y cuando los ruidos matutinos se incrementaban los justificaba haciéndolos parte de las interrupciones que sobrellevaba la mujer de la radio y más tarde de la discusión.

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